Rumbos continuos

Una crónica sobre la pérdida y la resiliencia en un laberinto emocional sin mapas, donde la voluntad de encontrar la luz y forjar una llave desafía la oscuridad.

En los rincones de mi fantasía,
donde me atrapa la frágil locura,
trazo sonrisas en rostros de mármol,
creando un mundo donde pueda tenerte.

Cristales rotos que cortan mis pasos,
guardan la sangre de tantos fracasos,
la cruel agonía de un alma vacía,
sutil desamparo de pena escondida.

Grita mi voz en la niebla más fría,
busco una luz en la inmensidad,
rompo las cadenas de la agonía
que me encadena a esta soledad.
Frente al abismo que nos separa,
sé que el destino podré doblegar,
con el coraje que el pecho desgarra,
hasta que el fuego vuelva a brillar.

Aquí no hay mapas que marquen el curso,
ni direcciones o rumbos continuos,
solo el cansancio que frena mi pulso,
perdiendo la fuerza, cediendo al impulso.

Voces susurran detrás de las puertas,
secretos oscuros de mentes inquietas,
cada suspiro revive las grietas,
y con cada herida la sombra despierta.

Grita mi voz en la niebla más fría,
busco una luz en la inmensidad,
rompo las cadenas de la agonía
que me encadena a esta soledad.
Frente al abismo que nos separa,
sé que el destino podré doblegar,
con el coraje que el pecho desgarra,
hasta que el fuego vuelva a brillar.

Y entre penumbras de viejos recuerdos,
mi fe se quiebra en caminos inciertos,
mas en la noche de tantos destierros,
forjo la llave de nuevos aciertos.

Forjo la llave... en la inmensidad.
Sin más cadenas, sin oscuridad.
Un nuevo mundo comenzará.
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