El Vigilante del Bosque (Slenderman)

Una crónica sobre el acecho de Slenderman, la distorsión de la realidad a través de la estática y el rapto de la inocencia en el vacío de una noche sin fin.

En el bosque de los pinos susurrantes
donde la niebla devora la luz
se alza una sombra de extremidades errantes
que no carga el peso de ninguna madera.
Sin rostro, sin ojos, vestido de gala
un traje negro que el tiempo no ajó
su presencia es un frío que el alma exhala
cuando el destino a los niños marcó.

Tentáculos brotan de su espalda marchita
como ramas de un árbol de pura maldad
el silencio se vuelve una voz que te invita
a perderte por siempre en su inmensidad.

Slenderman, el guardián del vacío
señor de los bosques de la perdición
tu abrazo es un rastro de eterno frío
que apaga por siempre cualquier emotion.
Ocho notas en papel amarillento
dibujos que claman por una salida
pero él se alimenta de tu sufrimiento
mientras te arranca jirones de vida.

La estática inunda la mente y la vista
interferencia en la fibra del ser
no hay refugio que su acecho resista
cuando su silueta empiezas a ver.
Caminas en círculos, la noche te engaña
el tiempo se dobla en un nudo fatal
eres la presa en su oscura telaraña
un sacrificio en su templo de cristal.

No hay gritos que rompan esta calma espesa
él no necesita de voz para hablar
te absorbe la esencia, te vuelve su pieza
un rastro de sombra que no ha de volver.
El blanco absoluto de su faz inhumana
es el último espejo que habrás de mirar
mientras la noche se vuelve mañana
en un bosque que nunca te dejará escapar.

Él está cerca... no mires atrás...
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